Valle de Benasque: a la sombra de las cumbres del Pirineo de Huesca

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Valle de Benasque: a la sombra de las cumbres del Pirineo de Huesca

13 mayo 2026 Artículos 0

La Vanguardia, 12 de mayo de 2026

Imprescindibles para disfrutar: botas, crema solar, una mochila con agua y algo que picar, y sobre todo mucho respeto a la montaña.

Benasque está casi equidistante de los dos mares que cierran los Pirineos. Se halla a poco más de 200 kilómetros en línea recta de los vientos mediterráneos de Portbou y a otro tanto de Hondarribia, junto a la desembocadura del Bidasoa en el Cantábrico. 

De alguna manera representa el epicentro de la cordillera pirenaica. Una idea que se refuerza al saber que no muy lejos del caserío benasqués se concentran las mayores alturas de estas montañas, incluyendo el Aneto encaramado hasta los 3.404 metros sobre el nivel de los dos lejanos mares.

– Las cascadas, una de las notas características de los arroyos de alta montaña
– Las cascadas, una de las notas características de los arroyos de alta montañaMónica Grimal

Hollar su cima, por lo simbólico de alcanzar el punto más alto de la cadena, es un reto muy frecuentado no solo por montañeros, también por simples excursionistas. Y si bien no se trata de la ascensión más complicada del mundo, no deja de ser alta montaña y eso implica peligros muy serios. Es innegable lo gratificante que resulta contemplar desde las alturas toda la cordillera, pero para lograrlo hay que equiparse convenientemente, documentarse sobre la ruta y la meteorología, además de tener buena forma física y actuar en todo momento con precaución.

El número de accidentes y de rescates que se realizan cada verano en las faldas del Aneto, especialmente en su glaciar, indican que no siempre se cumplen esas premisas imprescindibles para disfrutar de la alta montaña. De manera que, si no se está preparado para el alpinismo, mejor no intentarlo. Al fin y al cabo, el valle de Benasque en su conjunto ofrece un sinfín de excursiones para poder sentir plenamente la belleza de los Pirineos, a veces de aspecto amable y otras veces mucho más agreste.

El número de accidentes y de rescates en verano en las faldas del Aneto, indican que en ocasiones hay falta de precaución

Por ejemplo, hay otra forma de alucinar con el imponente del macizo de la Maladeta donde se eleva el Aneto. Basta con calzarse las botas para llegar al Pla d’Aigualluts. Es una excursión con una recompensa espectacular pese a su corta duración y escasa dureza. 

En el camino aguarda un gran agujero abierto en el paisaje. Es el Forau d’Aigualluts hasta el que llega un arroyo que de pronto desaparece. Se filtra en las rocas y esas aguas no vuelven a manar hasta las inmediaciones de Vielha, ya en Catalunya, donde se convierten en el río Garona que recorrerá el sur de Francia.

Vista del macizo de la Maladeta desde el Pla d’Aigualluts
Vista del macizo de la Maladeta desde el Pla d’Aigualluts – Mónica Grimal

Y desde el Forau la senda prosigue hasta el Pla, el enclave ideal para contemplar el macizo de la Maladeta y la mancha blanca de su glaciar. Unas nieves perpetuas que antaño ocupaban mucho más espacio. De hecho, era tan grande que los lugareños inventaron una leyenda para comprender su presencia. 

Se cuenta que a unos pastores les sorprendió en verano una fuerte nevada mientras sus ovejas pastaban en la zona. Así que se refugiaron en una cabaña para pasar el temporal. Y al calor del fuego, un peregrino harapiento y extraviado llamó a su puerta. Pero ellos le negaron el auxilio. Fue entonces cuando las fuerzas telúricas les castigaron transformando su rebaño en miles de rocas rodeadas para siempre de hielo.

Tal vez alguien se sorprenda con que un peregrino recorriera estas tierras, pero en realidad no es tan extraño. El valle de Benasque es limítrofe con Francia y siempre se ha pasado de un lado a otro de la frontera. De hecho, hacia el siglo XIII por aquí se construyó un hospital, o más bien un albergue, para acoger a peregrinos y viajeros. Aún quedan restos de aquello, si bien integrados en el moderno hotel de los Llanos del Hospital.

Este establecimiento es la base de operaciones en invierno para los que practican el esquí nórdico en las cercanías. Mientras que con el buen tiempo es el punto de partida para otras excursiones como por ejemplo la que asciende hasta el Portillón, cuya abertura labrada en la dura roca a 2.444 metros de altitud atravesaban aquellos peregrinos, y también muchos contrabandistas.

El antiguo hospital de los Llanos del Benasque ahora es un acogedor hotel
El antiguo hospital de los Llanos del Benasque ahora es un acogedor hotel – Mónica Grimal

No obstante, no es necesario hacer grandes ascensiones para descubrir lugares preciosos y cargados de misticismo. Existe una ruta de peregrinación bien distinta, y es la que lleva a los seguidores del rock de los 90 a la célebre cabaña del Turmo a la que canta los Celtas Cortos en su canción 20 de abril. 

Y si se llega a esta bucólica caseta de pastores es muy recomendable seguir un poquito más para alcanzar el refugio de Estós. Desde ahí se ve en la lejanía el pico Perdiguero, donde hasta hace cuatro años quedaban restos de su glaciar, pero a día de hoy el cambio climático los ha hecho desaparecer por completo.

Por fortuna hay otros vestigios del portentoso glaciarismo milenios atrás esculpió estos paisajes. Fruto de aquellos tiempos dominados por el hielo, a finales del pleistoceno, o sea hace unos 10.000 o 12.000 años, se crearon los ibones o lagos de montaña que tanto abundan en el valle de Benasque. 

Por ejemplo, una excursión dura pero inolvidable es la que lleva al ibón de Escarpinosa y al ibonet de Batiselles. O si se prefiere se puede optar por subir hasta los ibones de Remuñé menos transitados y con la capacidad casi intacta de plasmar el aspecto más salvaje de la cordillera pirenaica.

Hay rutas para todos los gustos, para expertos y para familias
Hay rutas para todos los gustos, para expertos y para familias – Mónica Grimal

Para recuperar fuerzas

Tanta caminata abre el apetito. Y desde luego nadie acaba con hambre en los muchos restaurantes repartidos por los tres núcleos que conforman el municipio benasqués. Uno de ellos es Cerler, conocido por la estación de esquí invernal. Pero Cerler no cierra en verano y ahí aguarda un lugar como La Borda del Mastín, en pleno centro de la población y con una carta dominada por productos de la tierra como las legumbres o las carnes de cordero y ternera.

También en el pueblo de Benasque se degusta la cocina tradicional en un establecimiento como el Rincón del Foc. Mientras que, si se busca algo más innovador e inesperado, lo suyo es desplazarse al vecino pueblecito de Anciles, un caserío en el que parece que se ha detenido el tiempo, pero donde abre sus puertas un lugar tan vanguardista como Ansils Restaurante donde luce una estrella Michelin y un sol sostenible Repsol.