Por qué algunos de los mejores científicos del mundo se reúnen en Benasque

Apartamento en Benasque

Por qué algunos de los mejores científicos del mundo se reúnen en Benasque

5 agosto 2026 Artículos 0

Desde hace tres décadas, esta localidad del Pirineo aragonés atrae a investigadores de decenas de países para trabajar sobre física cuántica, cosmología, inteligencia artificial o biología molecular. El Centro de Ciencias Pedro Pascual demuestra que la montaña también puede convertirse en un espacio para el conocimiento, la innovación y la diversificación económica.

En Benasque hay una fabulosa estación de esquí, Cerler. Pero no hay un gran acelerador de partículas, un superordenador de dimensiones colosales ni un campus universitario con miles de estudiantes. Sin embargo, desde hace más de treinta años, algunos de los científicos más reconocidos del mundo viajan hasta este valle del Pirineo para debatir sobre computación cuántica, agujeros negros, física de partículas, inteligencia artificial, ecuaciones diferenciales o biología molecular.

Aparentemente, nada obligaría a desarrollar estas conversaciones lejos de Madrid, París, Barcelona, Londres o Zúrich. Pero esa es precisamente la singularidad del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual: haber convertido una localización periférica, alejada de los grandes campus europeos, en una ventaja.

Benasque no es un laboratorio científico en el sentido convencional. Su edificio no contiene grandes instrumentos experimentales. Su principal herramienta es más sencilla y, al mismo tiempo, más difícil de reproducir: reunir a investigadores de alto nivel, ofrecerles tiempo para trabajar y crear las condiciones necesarias para que las ideas circulen. El resultado es un auténtico laboratorio de pensamiento en el corazón de los Pirineos.

Y la relación entre aislamiento alpino y creatividad científica tiene un precedente célebre. Durante las vacaciones de invierno de 1925-1926, Erwin Schrödinger se retiró a Arosa, en los Alpes suizos. Allí dio forma a la ecuación que lleva su nombre y que se convertiría en uno de los pilares de la mecánica cuántica. La montaña no produjo por sí sola el descubrimiento: Schrödinger llegó con años de conocimientos, debates y problemas todavía sin resolver. Pero Arosa le ofreció tiempo, concentración y distancia respecto a la rutina universitaria. Un siglo después, Benasque ha convertido esas condiciones excepcionales en un modelo colectivo y organizado de trabajo científico.

De una reunión científica a un centro internacional

La historia comenzó en 1995, cuando un grupo de investigadores organizó en Benasque un encuentro internacional dedicado a la física. La iniciativa buscaba reunir a científicos de primer nivel en un entorno agradable y favorecer una forma de trabajo semejante a la desarrollada por centros como el Aspen Center for Physics, situado en las montañas de Colorado.

El éxito de aquella primera experiencia animó a sus impulsores a darle continuidad. En 1998 se constituyó el germen de la Fundación Centro de Ciencias de Benasque, con la participación del Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento de Benasque, la Diputación Provincial de Huesca y la Universidad de Zaragoza.

La estructura se amplió posteriormente con la incorporación del Ministerio de Ciencia y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 2006, la fundación adoptó el nombre de Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual, en homenaje al físico aragonés que desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de la física teórica y en la consolidación de la investigación científica en España.

El crecimiento de la actividad hizo necesaria la construcción de una sede específica. El edificio actual, inaugurado en 2009, cuenta con unos 1.800 metros cuadrados distribuidos entre salas de reuniones, despachos para investigadores, espacios de trabajo y zonas de descanso. Su construcción supuso una inversión de 3,1 millones de euros, financiada fundamentalmente por el CSIC y el Gobierno de Aragón. Pero la dimensión física del centro explica solo una parte de su éxito.

Benasque: uin laboratorio sin grandes instrumentos

El modelo de Benasque se aleja deliberadamente del congreso científico convencional. En lugar de llenar cada jornada con una sucesión ininterrumpida de presentaciones, muchos de sus encuentros reservan amplios periodos para el trabajo individual, las reuniones improvisadas y las conversaciones entre participantes. La finalidad no es únicamente transmitir resultados ya obtenidos.

«Se trata de permitir que los científicos contrasten hipótesis, identifiquen problemas comunes y construyan nuevas colaboraciones.»

Una conversación durante una comida, una discusión después de una conferencia o una caminata compartida pueden llegar a ser tan importantes como una presentación formal. El conocimiento no se produce únicamente en un auditorio ni en videollamadas formales por Teams. También surge cuando investigadores de distintas generaciones, instituciones o disciplinas disponen del tiempo suficiente para escucharse.

Esa organización explica que los participantes no acudan a Benasque simplemente para asistir a un evento. Permanecen durante varios días, trabajan en el centro y conviven en la localidad. El viaje no supone una interrupción de su actividad científica, sino una forma distinta de desarrollarla.

La montaña como parte del método

La elección de Benasque no responde únicamente a la belleza del paisaje ni a la amplia oferta de actividades que ofrece en verano el valle de Benasque. La montaña forma parte del dispositivo de trabajo.

Lejos de las reuniones cotidianas, las obligaciones académicas y la fragmentación permanente de la agenda, los investigadores pueden concentrarse durante periodos relativamente largos en un mismo problema. La distancia respecto a los grandes centros urbanos reduce las distracciones, mientras que la escala de la localidad favorece los encuentros espontáneos.

En una gran ciudad, los participantes de un congreso suelen dispersarse al terminar las sesiones. En Benasque, se encuentran de nuevo en los hoteles, los restaurantes, las calles del pueblo o los senderos del valle. Esa proximidad prolonga el intercambio científico más allá de las salas del centro.

El aislamiento relativo, que podría interpretarse como una desventaja territorial, se convierte así en un recurso. No se trata de defender una visión romántica según la cual las ideas aparecen por el simple hecho de contemplar una montaña. La aportación del entorno es mucho más concreta: ofrece tiempo, continuidad, convivencia y una cierta distancia respecto a las rutinas profesionales.

En una época dominada por las videoconferencias y los intercambios digitales, Benasque demuestra que la presencia física sigue desempeñando un papel decisivo en los procesos de investigación. La tecnología permite transmitir información, pero resulta más difícil reproducir a distancia la confianza, la conversación informal y las relaciones personales que sostienen numerosos proyectos científicos.

Más de 18.000 investigadores procedentes de 80 países

La dimensión alcanzada por el centro resulta especialmente significativa teniendo en cuenta que su estructura permanente es reducida. Según su memoria institucional, dispone de siete trabajadores contratados durante todo el año, además de un refuerzo estacional.

Desde su creación y hasta 2024, las cifras hablan por si solas.

«El Centro de Ciencias había organizado 286 congresos y recibido a 18.202 investigadores procedentes de 80 países. Entre ellos figuran ocho premios Nobel, tres medallistas Fields, cinco galardonados con el Fundamental Physics Prize y tres premios Príncipe de Asturias.»

La presencia de científicos premiados aporta notoriedad, pero no debería ocultar otra función esencial del centro: facilitar el contacto entre figuras consolidadas y jóvenes investigadores.

Esa combinación entre excelencia científica, escala humana y continuidad ha permitido a Benasque consolidar una reputación internacional que no puede improvisarse. El centro no atrae investigadores únicamente porque se encuentre en un paisaje excepcional. Lo hace porque, durante tres décadas, ha construido una red académica, una cultura de trabajo y una relación de confianza con distintas comunidades científicas.

De la física cuántica al estudio del ARN en Benasque

La física teórica ocupa un lugar central en la historia de Benasque, pero el programa del centro se ha ampliado progresivamente.

Sus encuentros abordan cuestiones relacionadas con la mecánica cuántica, la física de partículas, la cosmología, la gravitación, los sistemas complejos, la óptica cuántica, la optimización matemática, los métodos numéricos y el aprendizaje automático.

Este verano de 2026, por ejemplo, el centro ha reunido a especialistas en tecnologías cuánticas tolerantes a fallos, un campo fundamental para desarrollar ordenadores cuánticos capaces de detectar y corregir sus propios errores. También ha acogido encuentros sobre óptica cuántica, gravedad extrema y biología computacional aplicada al ARN.

Esta última disciplina combina biología, matemáticas e informática para comprender mejor la estructura y el funcionamiento de unas moléculas esenciales para la vida. Sus avances pueden contribuir al desarrollo de medicamentos, vacunas y nuevas herramientas de diagnóstico.

No significa que todos estos resultados se produzcan directamente en Benasque. El centro no pretende sustituir a los laboratorios, universidades o infraestructuras experimentales en los que trabajan habitualmente los investigadores. Su función es conectar esas instituciones y proporcionar un espacio donde puedan plantearse nuevas preguntas.

Una actividad económica que escapa a la estacionalidad

El impacto del centro no se limita a la comunidad científica. También alcanza a la economía local. Entre 2009 y 2024, su actividad generó 129.661 pernoctaciones en Benasque. La propia institución estima en aproximadamente 1,2 millones de euros anuales el impacto de los alojamientos y gastos gestionados a través del centro.

Las cifras son relevantes por su volumen, pero también por la naturaleza de la actividad generada. Los científicos necesitan habitaciones, restauración, comercios, transporte y otros servicios.

«Sus estancias no dependen exclusivamente de la nieve ni se concentran necesariamente en los momentos de mayor ocupación turística.»

El centro crea, por tanto, un flujo de visitantes profesionales relativamente estable y contribuye a distribuir la actividad fuera de las temporadas tradicionales.

Para un territorio de montaña, esta característica tiene un valor estratégico. La desestacionalización suele asociarse al desarrollo del senderismo, el ciclismo, los eventos deportivos o las actividades culturales. Benasque añade otra posibilidad: la economía del conocimiento.

Los investigadores no llegan únicamente como turistas. Acuden para trabajar. Su presencia demuestra que un territorio pirenaico puede atraer actividad profesional altamente cualificada sin tener que reproducir las condiciones de una gran ciudad.

Ciencia, turismo y movilidad en un mismo valle

El Centro Pedro Pascual convive con la principal actividad turística del valle y con la proximidad de la estación de Cerler, uno de los grandes referentes del esquí español y una de las mejores estaciones de esquí en España.

Esta relación no debe interpretarse como una oposición entre ciencia y turismo. Ambas actividades dependen, de manera diferente, de la capacidad de Benasque para ser accesible, atractivo y habitable durante todo el año.

El nuevo telecabina entre Benasque y Cerler, terminado en 2026 a la espera de completar su puesta en servicio, representa otra pieza de esa transformación territorial. Con cerca de dos kilómetros de recorrido, 53 cabinas de diez plazas y capacidad para transportar hasta 2.400 personas por hora, la instalación permitirá conectar ambos núcleos en aproximadamente seis minutos. La infraestructura ha supuesto una inversión cercana a los 17 millones de euros y busca reducir parte del tráfico asociado al acceso a la estación.

Aunque responde principalmente a necesidades turísticas y de movilidad, el telecabina refleja una cuestión más amplia: los territorios de montaña necesitan infraestructuras capaces de servir simultáneamente a residentes, trabajadores, visitantes y nuevas actividades económicas.

La competitividad del valle no dependerá únicamente de atraer más personas, sino de conectar mejor sus diferentes funciones: turismo, deporte, ciencia, vivienda, servicios públicos y vida local.

Cuando la montaña se convierte en terreno de investigación

La experiencia de Benasque conecta con una tendencia más amplia: los territorios de montaña están dejando de ser considerados exclusivamente como espacios de ocio o paisajes que deben observarse desde el exterior.

También son lugares en los que investigar, experimentar y buscar soluciones. La evolución del clima, la disponibilidad de agua, la evolución del manto nivoso, la biodiversidad, la movilidad, la energía y la habitabilidad plantean problemas especialmente visibles en altura. Las montañas funcionan, en cierto modo, como territorios de anticipación: algunos de los cambios que allí se manifiestan con mayor rapidez terminarán afectando a zonas mucho más amplias.

Benasque no es una empresa turística que incorpora investigación a su estrategia, sino un territorio turístico que ha conseguido acoger una institución científica con reconocimiento internacional.

Ambos casos muestran que la montaña del futuro no podrá gestionarse únicamente mediante infraestructuras y oferta comercial. También necesitará observación, experimentación y producción de conocimiento.

¿Se puede reproducir el modelo de Benasque?

El éxito del Centro Pedro Pascual podría inspirar a otros territorios, pero sería un error pensar que resulta fácilmente replicable. No basta con construir un edificio de congresos en un paisaje atractivo.

«Benasque ha necesitado treinta años para consolidar sus redes científicas y su reputación.»

El proyecto se apoya en investigadores capaces de movilizar comunidades internacionales, en una gobernanza que reúne a instituciones locales, regionales y estatales, y en una organización estable que conoce las necesidades específicas de los participantes.

También se fundamenta en una especialización clara. El centro no intenta albergar cualquier tipo de evento. Su identidad se ha construido alrededor de encuentros científicos de alto nivel y de una metodología que da prioridad al trabajo compartido. Sin embargo, su experiencia deja varias enseñanzas aplicables a otros territorios de montaña.

La primera es que la distancia respecto a las grandes ciudades no constituye necesariamente una debilidad. Puede convertirse en una ventaja cuando el proyecto necesita concentración, convivencia o contacto con el entorno.

La segunda es que la diversificación no siempre consiste en multiplicar actividades turísticas. También puede significar atraer formación, investigación, creación cultural, encuentros profesionales o trabajo cualificado.

La tercera es que la reputación territorial se construye a largo plazo. La continuidad puede ser más importante que el tamaño inicial de la inversión.

Y la cuarta es que un visitante profesional puede aportar al territorio de una manera diferente. Permanece durante varios días, trabaja con actores internacionales y contribuye a proyectar el nombre del destino dentro de redes especializadas.

En un momento en el que numerosos destinos buscan diversificar su economía, Benasque demuestra que la alta montaña también puede ser un lugar desde el que pensar el mundo.